Miembro del grupo de trabajo de Insomnio de la Sociedad Española de Sueño (SES), afirmó que existe una relación estrecha entre las emociones y el sueño, ya que ambos procesos comparten las mismas estructuras cerebrales y neurotransmisores.

“Las estructuras cerebrales y neurotransmisores que regulan las emociones también regulan el sueño, por lo que es intuitivo suponer una íntima relación en el funcionamiento de estos dos sistemas”, explicó la especialista.

Según la evidencia científica citada por Cañellas, la falta de sueño no solo afecta el descanso físico, sino que también tiene importantes consecuencias a nivel emocional y social. La privación de sueño puede conducir a conductas de aislamiento social, como la sensación de soledad, además de generar mayores niveles de ansiedad.

La doctora señaló que este círculo vicioso resulta especialmente perjudicial, ya que el aislamiento social y la ansiedad derivados de la falta de sueño terminan afectando aún más la calidad del descanso, agravando los problemas de insomnio y bienestar general.

Los especialistas recomiendan priorizar hábitos de sueño saludables como parte fundamental del cuidado de la salud mental y emocional.

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