Los avances terapéuticos actuales permiten un tratamiento más personalizado y eficaz para los pacientes con dermatitis atópica moderada y grave.
La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel caracterizada por un intenso prurito y la aparición de brotes recurrentes que alternan con períodos de remisión. Aunque puede presentarse a cualquier edad, afecta principalmente a niños con antecedentes familiares de atopia y representa una de las patologías dermatológicas más frecuentes de la infancia.
Además del picor persistente, esta afección provoca lesiones cutáneas que pueden afectar significativamente la calidad de vida de quienes la padecen, al interferir con el sueño, el desempeño escolar o laboral y el bienestar emocional. Se estima que entre el 5% y el 20% de los niños desarrollan dermatitis atópica antes de los 10 años. Del total de los casos, alrededor del 60% se manifiesta durante el primer año de vida y el 85% antes de los cinco años. No obstante, más del 40% de los pacientes experimenta una mejoría o la desaparición de los síntomas antes de llegar a la edad adulta.
De acuerdo con el Estudio de la Carga Global de Enfermedades, la prevalencia de esta patología oscila entre el 15% y el 20% en la población infantil y alcanza hasta un 10% en los adultos. En República Dominicana, una investigación realizada por la Universidad Iberoamericana (Unibe) evaluó la calidad de vida de pacientes con dermatitis atópica atendidos en el Instituto Dermatológico Dominicano y Cirugía de Piel Dr. Huberto Bogaert Díaz, en Santo Domingo, entre septiembre de 2019 y febrero de 2020.
El estudio concluyó que la educación de los pacientes, sus familiares y la población en general resulta fundamental para mejorar tanto la adherencia al tratamiento como el afrontamiento de la enfermedad.
Avances en los tratamientos
Durante muchos años, el manejo de la dermatitis atópica moderada y grave se basó principalmente en el uso de inmunosupresores clásicos. Sin embargo, los avances en el conocimiento de los mecanismos inmunológicos implicados en esta afección han transformado el abordaje terapéutico.
Actualmente, la comunidad científica dispone de tratamientos dirigidos que ofrecen un mayor control de los síntomas, con mejores perfiles de eficacia y seguridad. Entre las opciones más innovadoras destacan las terapias biológicas y los inhibidores de la Janus quinasa (JAK), que actúan específicamente sobre las vías responsables de la inflamación y el prurito.



